Por Belén Rubio Armesto. Publicado el 30.08.2009
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Corer de gravedad
Son las 5 de la mañana los técnicos de la UTM salen a popa para lanzar el corer de gravedad. Un dispositivo con un peso en la cabeza, y con una lanza de 5 metros que penetrará en el suelo marino y nos traerá un registro (testigo) de sus fondos en el interior de un tubo de PVC. Cables, poleas, grúas, tornillos, y un sinfín de herramientas para el despliegue. Sube, baja, para, tira, …, grita Ramón (UTM) en todo el proceso de la maniobra, y ya, por fin, entra en el agua. Tendremos que esperar al menos un par de horas para ver que hemos recogido. Me voy a la cama, y cuando regreso ya está subiendo, está a menos de 600 m, ya sólo quedan unos minutos y el testigo estará a bordo. Una gran expectación por parte de todos, esperando que dentro haya sedimento. Comienzan a retirar los tornillos del cono de la base Ramón y José Luis, y sale una pieza llamada cátcher. Es una especie de diafragma que impide que el sedimento no se salga una vez arriado el testigo. ¡Y trae sedimento! buena señal, viene lleno. Lo medimos y 4.06 m, hemos batido un record con esta lanza dicen los chicos de la UTM.
Toda vez en la popa bien amarrado desplegamos sierra, tapas, rotuladores, bolsas, etc. Los testigos los cortamos en secciones de 1.50 m, y nombramos adecuadamente. Mañana lo muestrearemos, para posteriormente realizar numerosos análisis sedimentológicos, mineralógicos, biológicos, geoquímicos, geofísicos y todo un despliegue como si el equipo de CSI se tratara y, cuál forenses, desentrañaremos los misterios de la historia de la Tierra, y seguro que con ello, tendremos unas cuantas historias que contar.
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